
Ser un árbol es lo que tiene, hongos, pájaros, hormigas y poluciones varias, todos necesitan de ti para sobrevivir y tú dale que te pego… a intentarlo.
El otro día leía un hayku que decía:
“una hoja
vuelve al árbol?
Mariposa”
Después de varias horas de reflexión y, aunque no las tengo todas conmigo, creo que habla de los imposibles y la percepción de las cosas.
Yo, que ando fuerte en imposibles, básicamente me paso el día diciendo que “es imposible que me pase a mi esto o lo otro”, y fallo bastante en la percepción, soy de las que no percibo el peligro ni aunque me lo señalen con neones de color rosa fucsia.
He decidido asumir mi futuro como Alcornoque, si el noble Chaparro o Quercus suber, ese que de pequeños nuestro, siempre amado, profesor de alguna disciplina odiosa, decía que nos parecíamos. Doy por asumida mi vida como hacedora de corcho, sublime materia que protege el vino embotellado, que forra y decora nuestras casa made in Ikea, y de la que colgamos nuestras mejores fotos.
Sí, un simple alcornoque, al que algunos mal nacidos arrancarán, como cada temporada la piel a tiras, para su uso y disfrute. Aceptaré con delectación, incluso, que me guarden en los cajones de las cocinas para tapar otros vinos trasnochados, seré modestamente el paquebote con mástil de palillos que surcará los charcos en las clases de plástica; pero ojo, me niego a serlo sin nombre!
Yo soy Chaparra, si, pero quiero serlo con mayúscula y negrita.
Parafraseando al insigne Quevedo :
Seré corcho, más tendré sentido
Chaparro seré, mas Chaparro indignado!
Ojo que el Quercus cabreado es mucho Quercus!
Un abrazo con regusto a cava catalán, aunque joda!



